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Liberación

Para que tenga lugar la liberación no es suficiente con la simple voluntad de no someterse más, sino que es necesario trabajar sobre los temores a la confrontación, a la independencia, a ser castigada con el abandono, con la pérdida del apego, con el fantasma de la soledad.

Sólo superando estos temores la persona colonizada  podrá enfrentar al colonizador.

Para poder liberarte del colonizador /a  es necesario:

  • Llegar a tomar plena conciencia de que no eres libre en lo que piensas, ni en lo que sientes, ni en lo que haces
  • Esto no es fácil, estás tan acostumbrada a esa forma de relación que todo te parece natural. Por ello la actitud que puede comenzar el proceso de liberación es plantearte: “Voy a revisar mi relación, voy a ver si lo que pienso, siento y hago es algo que quiero yo, o es lo que quiere el otro, algo que fui incorporando para no tener problemas, para evitar conflictos”. También piensa: “¿Qué sucedió en las oportunidades en que pensé, sentí, hice algo que al otro /a  le disgustó?
  • Ir superando la tendencia a darte cuenta de este sometimiento para negarlo a continuación, fabricando justificaciones tranquilizantes: él tiene razón, es más inteligente, me quiere. Un verdadero autolavado de cerebro.
  • No conformarse con quedarse en el sufrimiento, con rumiar tu malestar una vez que te has dado cuenta de que estás colonizada. Este es el momento decisivo: en vez de lamentarte, de compadecerte de ti misma, empieza a hacer algo para superar la colonización. De lamentarse, de considerarse una víctima, es necesario pasar a la acción.
  • Busca una red de apoyo emocional: familiares, amigas. Vas a necesitarla para el duro trabajo que tienes por delante. No es fácil,  y es posible que por vergüenza podáis tener tendencia a ocultarlo.
  • Viene la etapa de confrontar al abusador pero ello te crea tensión, miedo. Además, el abusador frecuentemente niega todo, apela a frases como "otra vez con esas cosas", "estoy harto", "siempre quejándote", "no te aguanto más". Él invierte la situación: pasa a ser el acusador, colonizándote una vez más, haciéndote sentir inadecuada. Tienes que contar con que el maltratador encubierto, cuando llegue a ser  cuestionado por ti, intentará hacerte sentir culpable, inadecuada.
  • Persevera en tu intento de que reconozca lo que hace. No es sólo porque puede dar resultado, sino por algo mucho más importante: con ello te vas reafirmando, es una forma de ir superando, muy lentamente, tus miedos.
  • Descríbele detalladamente a tu pareja las formas por las cuales se comporta como un colonizador. No digas simplemente, con indignación, “Eres un maltratador”, o “un abusador”, o “un colonizador.” Los juicios globales sin detallar las formas, las conductas del otro, están destinados al fracaso.
  • Evalúa el riesgo real que hay en hacerlo; muy frecuentemente tus  fantasías son más atemorizantes que la realidad. Pero si tu pareja es violenta físicamente, si hay riesgo real de que te maltrate físicamente, o de que corras peligro en tu seguridad, entonces busca ayuda profesional con alguien que trabaje en violencia de género antes de reprocharle nada a tu pareja.

Si el colonizador no cambia, y la separación no es una opción para ti –por las razones que sean, que son válidas y legítimas para ti-, entonces lo que sí puedes hacer es:

  • Liberarte en tu interior: “No me puedo separar, no puedo romper, pero sí sé que no soy lo que el otro trata de hacerme sentir, pensar. Trataré de no dejarme sugestionar, me reafirmaré en lo que valgo, me acordaré de todos los momentos que refutan lo que el colonizador me inoculó, me hizo creer”
  • No te sientas mal por no poder cambiar al colonizador o separarte. No agregues al sufrimiento del maltrato el acusarte de no tener la fuerza para separarte, el sentirte inadecuada. Como acabamos de ver, hay importantes ansiedades que te lo impiden. Además de las ya mencionadas, podemos incluir, entre otras: temores económicos, vergüenza de que piensen que te has equivocado en tu elección de pareja, sentimientos de que dañarás a tus hijos. Incluso, tendencia a sentirte culpable o a proteger compulsivamente al otro por mandatos internos de "No dañarás, no harás sufrir".

En síntesis, aprende a quererte, a dejar que emerja la persona que realmente eres.

 

Que suceda contigo como con los países que han sido colonizados en lo más profundo de su identidad y que han dejado de creer, sentir lo que los colonizadores le inocularon.

VER “TÁCTICAS FRECUENTES DEL COLONIZADOR” 

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