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Egocéntrico

El egocéntrico está centrado en sus propias necesidades y preferencias. La otra persona no entra en su horizonte mental, no es que quiera dominarla sino que simplemente no la tiene en cuenta.

Si realiza una actividad con el otro/a, elige aquello que le es más cómodo o prefiere sin pensar en el otro/a. Es sordo psicológico a lo que el otro desea.

Tiende a olvidarse algo que se le pidió. Sus intereses están por encima de cualquier compromiso.

Se desentiende del compromiso; si queda en encontrarse con alguien a cierta hora, puede llegar tarde sin preocuparse si el otro espera. La demora es porque va haciendo aquello que prefiere, que le place. El otro tiene que esperarle hasta que el egocéntrico termine de hacer aquello que le interesa.

Se olvida de las preferencias de la otra persona, no las tiene en cuenta. Por ejemplo, si sale a comer con otra gente, si se decide comer un entrante que se comparte, decide por todos, incluso forzando a los demás con cualquier argumento.

Elije unilateralmente qué actividad se hace, y usa argumentos con los que trata de convencer al otro/a que es por el propio bien o beneficio del otro/a, o que el otro/a lo va a pasar bien.

Cuando se le habla, no siente la necesidad de confirmar que escuchó, que entendió lo que se le pide.

Ignora las necesidades de la otra persona. No siente la necesidad de ayudar si la ve en una situación delicada.

No respeta lo que es de otro. Usa las cosas de los demás como si fueran propias. No comunica que lo hizo, que las cambió de lugar.

Se rige por la ley del deseo: su  mente funciona bajo el principio “lo que deseo es lo que está bien”. El pacto interpersonal implícito en toda relación es desatendido.

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